| Abstract | dc.description.abstract | El legado del paisaje productivo andino, es visible hoy a
través de las terrazas de cultivo. El paisaje antrópico de la
pre cordillera de la región de Arica carga con la huella de
quienes habitan este lugar y es testimonio tangible de la
intervención del hombre en el proceso de significar su territorio.
Hoy en día, la situación es muy diferente al auge que un
día tuvo, los pocos habitantes que aún viven en la zona y
que se sustentan con la escasa actividad agrícola existente, cada vez disminuyen más, motivado entre otras cosas,
por la baja en la fertilidad de la tierra que la desertificación
provoca en la región. Ahora el paisaje solo es vestigio de
este constante desuso, las estructuras de andenería que
otrora eran símbolo de avance hoy el tiempo se ocupa de
degradar junto con la cultura que aún las mantiene vivas.
El fuerte arraigo que el pueblo aymara tiene con la tierra,
ha sido hilo conductor de su cotidiano y también de su cosmovisión como grupo étnico. En este sentido, el espacio
productivo agrícola adquiere especial relevancia ya que
además de cumplir un rol de producción, cumple un rol
religioso fomentado enérgicamente por las comunidades
que de estas actividades se sirven.
El espacio productivo agrícola se torna espacio de culto a
la tierra, promoviendo un gran conocimiento de esta, de su
uso y de sus bondades. Por esta cercanía indisoluble entre
el conocimiento y el soporte físico, las comunidades rurales de la XV región poseen un gran acervo cultural tanto
agrícola como botánico que se ha ido construyendo a lo
largo de siglos de traspaso generacional. Aunque la actividad agrícola se ha visto mermada por las problemáticas
nombradas anteriormente, no sucede lo mismo con la Etnobotánica, ya que se sustenta en especies nativas de la zona que crecen de manera silvestre.
La región de Arica es un laboratorio etnobotánico que alberga una gran biodiversidad de flora adaptada a condiciones ambientales extremas consecuencia de procesos de
selección natural (aridez del suelo, alta radiación solar, baja
cantidad de oxígeno, presión atmosférica, etc.). Por este
motivo, las especies nativas han desarrollado propiedades
químicas muy particulares, incluso a nivel mundial y, asimismo, posee potenciales medicinales, tal como ha sido
acreditado por la medicina tradicional indígena, que forma parte del acervo etnobotánico de la región. Este nicho
productivo conlleva un fuerte valor patrimonial y, al mismo
tiempo, una oportunidad innovativa para reforzar el desarrollo de las comunidades rurales de la región.
La propuesta entonces, se enfoca en promover el conocimiento etnobotánico de la región, apuntando las estrategias hacia la re-significación del espacio productivo agrario del aymara como eslabón clave en la remediación del
paisaje antrópico de la región (andenes de cultivo). Este
objetivo busca atender a tres variables principales sujetas
a resolver: desde la variable cultural se busca valorizar y
fortalecer el patrimonio intangible de las comunidades
rurales de la región, asociado principalmente, a las prácticas ligadas al conocimiento y cultivo de la tierra; desde
la variable productiva se busca contribuir en el desarrollo
de actividades económicas que sean acordes al contexto
socio-cultural de las comunidades y que genere, en el largo
plazo, un retorno demográfico con opciones de desarrollo
de vida en lo rural; y finalmente, desde la variable natural,
se busca promover una remediación del suelo basado en el
mismo programa etnobotánico, fomentando la plantación
de las especies vegetales nativas en contribución de disminuir la desertificación de la zona. | |