Franko Melo ha muerto
Tesis

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Acceso abierto
Publication date
2026
Author
Professor Advisor
Abstract
La Sociedad de Escritores no desapareció, aunque muchos de sus participantes sí. Cerca de la Plaza Italia, en avenida Almirante Simpson 7, se alza firme la mansión en donde los poetas se refugiaban para beber un vino en los 60s, declarada monumento nacional el 2009. Aquella casa, antes espléndida y hoy tímida, deteriorada, todavía dueña de las primeras ediciones de la obra de Pablo Neruda, ha perdido el óleo que Joaquín Edwards Bello alguna vez colgó en la muralla de la sala de reuniones. Hasta los cojines de la cantina son distintos, más cómodos tal vez, porque las tertulias duran más ahora, que se han reemplazado los conflictos por la calma. Pero no siempre fue así, bien lo sabe quien recuerde a Francisco Melo Santos.
Tenía muchos nombres, en parte porque adoraba las cámaras, y por tanto a la prensa. A menudo se referían a él como Franko Melo, pero otros preferían Poeta Niño, o Poeta Choro. Esculpido por los ángeles, su rostro era fino y su mirada dura, perceptiva, como si atravesara a versos las paredes. A más de cincuenta años de su suicidio, no son muchos quienes lo recuerdan, con su melena castaña y botas negras, recitando sus escritos a viva voz como rebelde, o descarrilado, algunos incluso le consideraban un “exagerado”. Pero sus contemporáneos coinciden en algo: era un apasionado. Repartía papeles con sus poemas y recibía los comentarios de sus compañeros de la Juventud Socialista, sin prometer una buena reacción.
El Poeta Niño era revolucionario y trágico a la vez, hablaba de sangre e injusticia, alzaba el brazo ante sus detractores y no temía auto contemplarse como el mejor, por lo que resulta natural preguntarse: ¿desde cuándo lo supo? Con solo 24 años, ¿se aburrió de imaginar los surcos, todavía invisibles en su tez?
La introducción de su libro homónimo (¡A tiempo y fuego!) puede interpretarse como un primer vistazo a su inquietud, pero también como una simple declaración de lucha: “Si vivo la liberación…estaré con mis cantos, en caso contrario, entregaré mi vida y será el poema más grande que habré creado”, reza en las primeras páginas.
Sea cual fuera la razón, este amante de las letras tuvo una historia imprecisa y un final claro. Tropecé con él sin buscarlo, mientras leía periódicos antiguos en la Biblioteca Nacional de Chile.
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Memoria para optar al título profesional de Periodista
Identifier
URI: https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/209934
Collections
Tesis - franko-melo-ha-muerto.pdf (9.676Mb)